Por Juan José Torres
Narrado por el autor
Sé que, aún hoy, en la frágil quietud de la noche, entre árboles casi vivos, deformes como retorcidos de dolor, los primeros rayos de la luna apenas si se atreven a iluminar esas ruinas. Alguna vez se la conoció como la abadía de Morkvold… una afrenta a la naturaleza, una herida abierta en el negro corazón del bosque moldavo.